Muchas mujeres se preguntan si deberían adaptar su alimentación, entrenamiento o rutina diaria a la fase actual de su ciclo. En este artículo, la Dra. Monica Calcagni explica hasta qué punto influyen realmente las hormonas en nuestras necesidades, qué dificultades pueden plantear las distintas fases y por qué las señales de tu propio cuerpo son más fiables que cualquier calendario estandarizado. Una contribución a la salud femenina que busca mejorar tu comprensión de tu propio ciclo sin crear nuevas reglas.

Conclusiones clave

  • Los niveles de estrógeno y progesterona cambian a lo largo del mes, pero las necesidades fundamentales -energía suficiente, alimentación variada, sueño, movimiento, recuperación y gestión del estrés- siguen siendo válidas durante todo el ciclo.
  • El ciclo de 28 días con ovulación el día 14 es solo un modelo didáctico; la duración varía de una persona a otra e incluso dentro de la misma persona.
  • La adaptación debe partir de los síntomas individuales, no de un calendario estandarizado.
  • Llevar un diario del ciclo durante dos o tres ciclos ayuda a distinguir un patrón repetido de un día difícil al azar.
  • Los ciclos muy irregulares o ausentes, el sangrado muy abundante, el dolor incapacitante o los síntomas premenstruales graves deben ser evaluados por un médico.

En los últimos años, la «sincronización con el ciclo» se ha vuelto muy popular: los entrenamientos, los alimentos, los suplementos e incluso los compromisos laborales se organizan en torno a la fase del ciclo menstrual. La idea parte de algo real: los niveles de estrógeno y progesterona cambian a lo largo del mes y pueden influir en la temperatura corporal, el revestimiento uterino, el moco cervical, el apetito y la percepción de ciertos síntomas. Sin embargo, a partir de ahí, a menudo se llega a conclusiones mucho más rígidas de lo que permite la evidencia científica.

Las hormonas cambian, pero no convierten automáticamente el cuerpo en cuatro organismos diferentes. Las necesidades fundamentales -energía suficiente, alimentación variada, sueño, movimiento, recuperación y gestión del estrés- siguen siendo válidas durante todo el ciclo. Lo que puede cambiar es cómo una persona percibe el hambre, el dolor, los niveles de energía o su capacidad para entrenar. Para algunas mujeres, estas diferencias son reales; para otras, mínimas o inexistentes.

La respuesta más precisa, entonces, no es ni «las necesidades son siempre idénticas» ni «cada fase requiere un protocolo preciso». Es esta: algunas necesidades pueden cambiar, pero la adaptación debe partir de los síntomas individuales, no de un calendario estandarizado.

El ciclo menstrual: fases y procesos

El ciclo femenino se basa en la interacción de varias hormonas. El primer día del sangrado menstrual es el día 1 del ciclo. A partir de ese momento comienza la fase folicular, durante la cual la hormona foliculoestimulante (FSH) favorece el desarrollo de los folículos en los ovarios. En la primera parte, que coincide con la menstruación, los niveles de estrógeno y progesterona son bajos. Más adelante, el estradiol tiende a aumentar a medida que se selecciona el folículo dominante.

Cuando el estradiol alcanza niveles altos durante un tiempo suficiente, desencadena el aumento de la hormona luteinizante (LH) que precede a la ovulación. Después de la liberación del óvulo, el folículo se convierte en el cuerpo lúteo y produce principalmente progesterona: esta es la fase lútea, también conocida como fase del cuerpo lúteo. En la mayoría de las mujeres dura alrededor de 14 a 15 días. Si no comienza un embarazo, los niveles de estrógeno y progesterona descienden, el revestimiento uterino se desprende y comienza un nuevo periodo.

3-7 días

Este es el tiempo que suele durar el sangrado menstrual.

El ciclo femenino suele dividirse, de forma simplificada, en cuatro fases: menstruación (días 1-5), fase folicular (días 6-13), ovulación (alrededor del día 14) y fase lútea (días 15-28). Sin embargo, el ciclo clásico de 28 días con ovulación el día 14 es solo un modelo didáctico; desde el punto de vista médico, la menstruación ya forma parte de la fase folicular, que suele durar entre 12 y 15 días en total. La duración varía de una persona a otra e incluso en la misma persona; en particular, la fase folicular puede alargarse o acortarse. Una aplicación que calcula la ovulación utilizando únicamente el promedio de los ciclos anteriores ofrece una estimación, no un diagnóstico. Los anticonceptivos hormonales, la perimenopausia, la lactancia, el SOP, el estrés, la disponibilidad energética y muchas afecciones clínicas pueden alterar o suprimir los patrones ovulatorios normales.

Análisis hormonales

El hecho de que los niveles hormonales fluctúen no significa que sea útil medirlos constantemente. Una única medición de estrógeno o progesterona es una instantánea tomada en un momento preciso: su interpretación depende del día del ciclo, del motivo de la prueba y de la probabilidad de que haya ocurrido la ovulación. Los valores considerados fuera de contexto pueden conducir a diagnósticos inadecuados de «dominancia estrogénica», «progesterona baja» o un «desequilibrio hormonal» genérico.

En una mujer con ciclos regulares y sin síntomas importantes, normalmente no es necesario elaborar un panel hormonal mensual para decidir qué comer o cómo entrenar. Las pruebas resultan útiles cuando responden a una pregunta clínica: ausencia de menstruación o ciclos muy irregulares, sospecha de anovulación, infertilidad, signos de exceso de andrógenos, galactorrea, síntomas tiroideos o evaluación de la transición a la menopausia en situaciones concretas.

Los dispositivos portátiles también merecen una perspectiva adecuada. La temperatura de la piel, la frecuencia cardíaca y la calidad del sueño pueden mostrar variaciones interesantes, pero no equivalen a una evaluación médica ni definen por sí solos una necesidad nutricional. Pueden ayudar a alguien a conocer su propio patrón personal, siempre que los números no se conviertan en una nueva fuente de ansiedad. El dato más útil es el que cambia una decisión concreta y mejora el bienestar, no el que se recopila simplemente porque está disponible.

Fase folicular temprana: menstruación, síntomas y hierro

Durante la fase folicular temprana, el estrógeno y la progesterona se encuentran en sus niveles más bajos. El sangrado va acompañado de la producción de prostaglandinas, moléculas implicadas en las contracciones uterinas y los calambres. Algunas personas experimentan fatiga, dolor, malestar digestivo o dolores de cabeza; otras continúan con su vida cotidiana sin diferencias particulares.

En esta fase, lo más importante no es seguir una «dieta menstrual», sino responder a los síntomas. Si alguien se siente bien, no hay ninguna razón médica para evitar el deporte u otros compromisos. Si el dolor es importante, puede tener sentido reducir temporalmente la intensidad, elegir una actividad más tolerable, mantener una buena hidratación y usar los analgésicos indicados por un médico. El descanso y el calor local pueden ayudar, pero el dolor que impide con regularidad asistir a la escuela, trabajar o mantener la vida social merece una evaluación y no debe normalizarse.

Entre los nutrientes, el hierro requiere una explicación aparte. La pérdida de sangre menstrual implica una pérdida de hierro, especialmente relevante cuando el flujo es abundante o prolongado. Esto no significa que todo el mundo necesite tomar un suplemento durante la menstruación. La suplementación indiscriminada puede causar molestias gastrointestinales y retrasar la identificación de la causa real de una deficiencia. Ante fatiga persistente, palidez, falta de aire, menor rendimiento o menstruaciones muy abundantes, conviene hablar con un médico y evaluar un hemograma y la ferritina.

La dieta puede incluir regularmente fuentes de hierro: carne y pescado para quienes los consumen, legumbres, tofu, cereales fortificados, frutos secos y semillas. El hierro de origen vegetal se absorbe mejor cuando se combina con una fuente de vitamina C. Sin embargo, cuando existe una anemia verdadera, la alimentación por sí sola puede no ser suficiente y se necesita un tratamiento basado en los resultados de las pruebas.

Fase folicular tardía y el período alrededor de la ovulación

Después de la menstruación, el estradiol tiende a aumentar. Algunas mujeres indican tener más ganas de estar activas y de relacionarse socialmente durante la fase folicular, y sentirse con más energía y comunicativas, o experimentar más deseo sexual a medida que se acerca la ovulación, pero no es una experiencia universal. La ausencia de estas señales no debe interpretarse como una prueba de desequilibrio del sistema hormonal.

Desde el punto de vista reproductivo, lo más útil que se puede reconocer quizá sea el cambio en el moco cervical, que tiende a volverse más abundante, transparente y elástico durante los días fértiles. El periodo fértil no coincide con un único día: los espermatozoides pueden sobrevivir varios días en el aparato reproductor femenino, y la posibilidad de concepción incluye los días previos a la ovulación. Esto es importante tanto para quienes buscan un embarazo como para quienes desean evitarlo; observar el moco o usar una aplicación por sí solo no garantiza una anticoncepción fiable.

¿Es necesario comer o entrenar de una manera especial durante esta fase? La evidencia actual no respalda protocolos universales. Algunos mecanismos fisiológicos sugieren variaciones en el uso de sustratos energéticos, pero los estudios sobre el rendimiento muestran resultados muy heterogéneos. Si una persona se siente con más energía y motivación, puede aprovecharlo para hacer un entrenamiento exigente, no porque la fase lo requiera, sino porque ese día su cuerpo responde bien.

Fase lútea: progesterona, temperatura y apetito

Después de la ovulación, la progesterona aumenta. La temperatura basal generalmente sube unas décimas de grado y se mantiene elevada hasta la menstruación. Esta variación puede ayudar a confirmar, a posteriori, que probablemente se produjo la ovulación, pero no la predice con precisión en tiempo real.

En la fase lútea, especialmente durante los días previos a la menstruación, algunas personas notan más hambre, antojos de alimentos dulces o ricos en carbohidratos, hinchazón, sensibilidad mamaria, irritabilidad, bajo estado de ánimo, fatiga o un sueño menos reparador. Cuando estos síntomas son intensos, se habla de síndrome premenstrual (SPM). Las revisiones de la literatura sugieren que la ingesta energética media puede ser ligeramente superior a la de la fase folicular, pero las diferencias individuales son amplias.

2-3 de cada 10

las mujeres se ven afectadas por el síndrome premenstrual (SPM).

Tener más hambre no significa tener menos fuerza de voluntad. Ignorarla con una restricción rígida puede favorecer la alternancia entre el control y los atracones. Puede ser más útil mantener horarios regulares para las comidas, incluir proteínas, carbohidratos complejos, grasas -por ejemplo, de fuentes de ácidos grasos omega-3 como las semillas de lino o las nueces- y fibra, y planificar un tentempié si es necesario. Beber líquidos con regularidad y reducir el exceso de sal puede ayudar a algunas personas con la hinchazón, pero no es necesario eliminar categorías enteras de alimentos.

Los suplementos tampoco deberían tomarse automáticamente en este caso. Se proponen el magnesio, la vitamina B6 y diversos extractos vegetales para los síntomas premenstruales, pero la eficacia, la dosis y la calidad de la evidencia no son iguales en todos los productos. Además, que algo sea “natural” no significa que esté libre de interacciones o contraindicaciones. Antes de combinar varias sustancias, conviene tener en cuenta la alimentación, los medicamentos, las enfermedades, un posible embarazo y la intensidad real de los síntomas.

Deporte y entrenamiento

Una revisión sistemática con metanálisis concluyó que, en promedio, solo había una reducción insignificante del rendimiento en la fase folicular temprana en comparación con otras fases, con evidencia de baja calidad y una gran variabilidad entre los estudios. La conclusión de los autores es clara: no se pueden formular reglas generales de entrenamiento basadas en la fase del ciclo; es preferible un enfoque personalizado.

Esto es muy diferente de decir que el ciclo “no importa”. Para alguien con dismenorrea grave, migraña menstrual, sangrado abundante o síndrome premenstrual, los síntomas pueden cambiar realmente el entrenamiento y la recuperación. Pero el cambio debe responder a lo que está ocurriendo en realidad, no a la idea de que todo el mundo es necesariamente más débil durante el sangrado o más fuerte durante la ovulación.

Para quienes hacen ejercicio, la prioridad es garantizar suficiente energía durante todo el mes. Un déficit energético persistente puede alterar el ciclo, la salud ósea, la recuperación y el rendimiento. Si el ciclo se vuelve muy irregular o desaparece, no es una señal de que el entrenamiento “está funcionando”, sino una señal de alarma que debe evaluarse.

Sueño, estado de ánimo y función cognitiva

Los síntomas premenstruales pueden interferir con el sueño, el estado de ánimo y el bienestar mental; el dolor menstrual puede reducir la concentración y la productividad. Cuando aparecen emociones negativas, suelen hacerlo en la segunda mitad del ciclo. Sin embargo, esto no significa que las fluctuaciones hormonales hagan cíclicamente que las mujeres sean incapaces de decidir, trabajar o conducir. Las narrativas que convierten las variaciones individuales en deficiencias femeninas universales son científicamente débiles y socialmente perjudiciales.

Sin embargo, tiene sentido reconocer un síntoma recurrente y organizarse en torno a él cuando sea posible. Si el insomnio aparece durante los días premenstruales a lo largo de tres ciclos consecutivos, se puede prestar más atención a la regularidad del sueño, reducir la cafeína y el alcohol por la noche y planificar la recuperación. El ejercicio regular y las técnicas de relajación, como el yoga, también pueden ayudar a aliviar los síntomas premenstruales. Si los cambios de humor son intensos, afectan a las relaciones o incluyen pensamientos depresivos, conviene consultar con un profesional para valorar un síndrome premenstrual grave o un trastorno disfórico premenstrual.

Consejos para el día a día: observa antes de corregir

Antes de comprar protocolos, hacerse pruebas o tomar muchos suplementos, puede ser útil registrar dos o tres ciclos. Cada día se pueden anotar el flujo, el dolor, la energía, el hambre, el sueño, el estado de ánimo, la actividad física y los medicamentos utilizados. Solo lleva unos minutos; el objetivo no es controlar el cuerpo de forma obsesiva, sino distinguir un patrón repetido de un día difícil al azar.

Si aparece una variación constante, se puede probar una adaptación sencilla y comprobar su efecto: un tentempié adicional los días de mayor hambre, un entrenamiento más flexible cuando aparezcan calambres, una rutina nocturna más estricta antes de la menstruación. Cambiar una sola cosa a la vez ayuda a entender qué funciona realmente.

Para las molestias relacionadas con el ciclo, este diario también puede ser útil durante una consulta ginecológica. Los ciclos que suelen durar menos de 21 días o más de 35, los intervalos muy variables, el sangrado entre periodos, el flujo muy abundante, la ausencia de menstruación, el dolor incapacitante o los síntomas premenstruales intensos no deben tratarse únicamente por cuenta propia.

21–35 días

Si los ciclos suelen ser más cortos o más largos, debe evaluarlo un ginecólogo.

Conclusión: Entonces, ¿realmente cambian las necesidades?

Sí, pueden cambiar, pero no según un guion obligatorio. Durante la fase menstrual puede ser necesario controlar el dolor y la pérdida de hierro; alrededor de la ovulación, la fertilidad y la anticoncepción cobran relevancia; en la fase lútea, pueden aumentar el hambre, la temperatura corporal y los síntomas premenstruales. Ninguna de estas posibilidades impone automáticamente una alimentación, un suplemento o un entrenamiento específicos.

El ciclo menstrual puede ser una fuente de información, no un sistema de reglas. La estrategia más sensata es mantener unas bases sólidas para la salud durante todo el mes, observar las propias respuestas y adaptarse cuando sea necesario. Personalizar significa escuchar las señales reales del cuerpo, no sustituir un estereotipo antiguo por un calendario nuevo.

Preguntas frecuentes sobre el ciclo menstrual

¿Puedes quedarte embarazada durante la menstruación?

Es poco probable, pero no imposible. Como los espermatozoides pueden sobrevivir en el cuerpo hasta cinco días, el embarazo es posible, especialmente con ciclos cortos o sangrados prolongados si la ovulación ocurre pronto. Por lo tanto, la menstruación por sí sola no es un método anticonceptivo fiable.

¿Cuál es la diferencia entre el síndrome premenstrual y el trastorno disfórico premenstrual?

El trastorno disfórico premenstrual (TDPM) se considera una forma grave de los síntomas premenstruales. Se caracteriza principalmente por síntomas psicológicos, como un estado de ánimo muy bajo, ansiedad, tensión o irritabilidad marcadas, que afectan significativamente a la vida cotidiana y a las relaciones. El TDPM afecta a muchas menos mujeres que el SPM; las estimaciones oscilan entre aproximadamente el 3 y el 8 por ciento. El diagnóstico debe realizarlo un profesional.

¿Hay fases del ciclo al tomar la píldora?

Con los anticonceptivos hormonales combinados, como la píldora clásica, la ovulación suele suprimirse, por lo que no tiene lugar un ciclo natural con fases folicular, ovulatoria y lútea. El sangrado durante el intervalo sin píldora se denomina sangrado por deprivación y no es un periodo menstrual en el sentido estricto. Después de dejar la píldora, puede pasar algún tiempo hasta que se recupere tu propio ritmo; descubre más en nuestro artículo sobre el síndrome pospíldora.

¿Cuándo se considera abundante el sangrado menstrual?

Desde el punto de vista médico, el sangrado se considera abundante cuando se pierden más de aproximadamente 80 mililitros de sangre por ciclo. Esto es difícil de medir en la vida cotidiana; algunos signos son tener que cambiarse la compresa o el tampón cada una o dos horas durante varias horas seguidas, expulsar coágulos de sangre grandes o tener un sangrado que dure más de siete días. En estos casos, se recomienda una evaluación ginecológica.

¿Cómo se mide correctamente la temperatura corporal basal?

La temperatura basal se mide por la mañana, justo después de despertarse, antes de levantarse de la cama, idealmente a la misma hora todos los días y utilizando el mismo método. Es adecuado utilizar un termómetro digital con dos decimales. Factores como dormir poco, consumir alcohol la noche anterior o tener una infección pueden distorsionar las mediciones y también deben anotarse.

Referencias científicas esenciales

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